jueves, 4 de junio de 2015

CASTILLO DE ALBARAÑEZ


Castillo de Albarañez es un municipio de España, en la provincia de Cuenca. La villa fue reconquistada en tiempos por las tropas del Cid Campeador, de las cuales quedó como señor de la villa el capitán Alvar Fáñez de Minaya primo del Cid Campeador, y construyendo una fortaleza de la que más adelante la villa tomó el nombre.
Tiene una ermita de Santa Lucía (s. XVII), en la que se puede ver un destacado retablo fechado en 1672, y la Iglesia parroquial de la Asunción (s. XVI-XVII): Iglesia robusta coronada por una interesante espadaña construida en sillería.
Cuenta leyenda que los restos del castillo sirvieron para construir la iglesia parroquial de la Asunción.
Por diversas circunstancias documentos de la administración de Castillo de Albarañez se encuentra depositados en el Archivo Histórico Provincial de Cuenca.
El topónimo nos dice todo pero la huella de su pasado apenas existe. Castillo lo debió de haber, posiblemente pequeño, según constatación documental de la existencia de las ruinas del mencionado castillo a finales del siglo XVIII, como aparece en el manuscrito de don Carlos Moreno Colmenar, de 1787.
Lo cierto es que en estas tierras de la Alcarria, las tropas cristianas mucho anduvieron pensando como reconquista la gran Huete o Wabda, por entonces, era poderosa y la Konca como ciudad fortificada requería un esfuerzo tremendo para ello. Los primeros intentos fueron los que llevaría a cabo el sobrino de El Cid, Alvar Fañez de Minaya, aquel que en sucesivas incursiones pretendió dominar esta zona, ayudando a Alfonso VI, rey de Toledo.
Esta pequeña fortaleza hizo que este castellano mantuviese a raya por breve tiempo a los musulmanes de Cuenca a los que conquistó en 1106 y perdió al poco tiempo. Estas circunstancias no muy bien documentadas, nos aportan ese topónimo y los restos, apenas visibles, del castillo aquí ubicado dando nombre al lugar.
En el siglo XVI, allá por 1587 se dice en algún papel viejo que: “En Olmedilla de Eliz y Castillo de Albarañez tienen dos pilas y ochenta vecinos”, hecho que nos reseña la existencia de dos lugares con iglesia parroquial propia, aunque la del Castillo sea aneja a la Olmedilla.
Sin embargo, la existencia de un Pósito que almacena 100 fanegas y luego dos Capellanías, dan muestra de cierta solera, siendo la familia Romo, la cual diera tres presbíteros, una de los mayores hacendados del lugar.
La construcción de la iglesia, elevada sobre el recogido caserío, a finales del XVI, obligó a sus habitantes a realizar un esfuerzo tremendo para recaudar el dinero necesario. Es un sólido edificio que, aunque no grande, alberga una nave dividida en su interior en cuatro tramos con arcos fajones sujetados por pilastras. Una bóveda de lunetos, típica en las construcciones de este periodo, mientras que la cabecera presenta una cúpula de media naranja. La ermita se levantaría en el siglo XVII como lugar de devoción, siendo un edificio pequeño pero acogedor.
El Pueblo que hoy se llama el Castillo de Albarañez, se debe a la corrupción de voz de aquel antiguo Capitán Alvar-Fañez.
Los únicos restos del castillo son las cuevas subterráneas que se han venido utilizando durante siglos, al igual que muchas otras en toda la villa, para almacenar el vino en gigantescas tinajas.
Cuentan la leyenda que en el cerro de Albarañez existe una "mora encantada" que cada cien años se dejaría ver por aquel que por allí se encuentre. Curiosamente se decía, allá por los años 50 ó 60 del siglo XX, que por aquel entonces la mora del cerro se había aparecido a un pastorcillo. Las características físicas de este personaje legendario son descritas por algunos de la siguiente manera: la mora aparece como una mujer muy hermosa, con el pelo suelto y largo, y, en ocasiones, acompañada de un perro. Esta leyenda se inserta en un grupo de tradiciones diseminadas por toda la geografía española en fecha posterior a la reconquista, con presencia de diversas "cuevas de la mora" o "cerros de la mora". 


Iglesia de la Asunción





 

 Ermita de Santa Lucia



 Cerro el castillo









También existe un paraje denominado las sepulturas. La tradición oral cuenta que se debe a la existencia de tambas o sepulturas de la época árabe. Lo cierto es que no existen documentos escritos al respecto, pero como en otros lugares, aquí los parajes, también llevan nombres que se relacionan con el momento histórico. Así como en muchas ciudades las calles mantienen el  nombre de los gremios medievales que en ellas se encontraban. Se puede pensar lo que se quiera, pero lo cierto es que los árabes también se asentaron en esta pequeña población.








En este paraje se encuentran ocho tumbas, pero siguiendo la tración oral, en los alrededores del pueblo había más enterramientos, yo recuerdo haberlos visto, hoy están desparecidos.












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