viernes, 16 de enero de 2015

CONVENTO DE LAS PETRAS




Este convento de Monjas Justinianas de Cuenca fue fundado el año 1509 por el Canónigo de la Catedral de Cuenca, D. Alfonso Ruiz, según consta en Bula fechada en el año tercero del Pontificado del Papa León X. La comunidad pertenece a la Orden Justiniana, que proviene de la primera congregación de Canónigos Regulares fundados en San Jorge de Alga de Venecia en 1404 por San Lorenzo Justiniano. El convento fue totalmente saqueado y en gran parte destrozado en 1936 a consecuencia de la Guerra Civil.
El Convento de las Petras, enorme edificio a tres calles, con una preciosa iglesia del siglo XVI, reformada por Martín de la Aldehuela en el XVIII.
El convento de las Religiosas Justinianas de San Pedro, conocido como el “Convento de las Petras”, es uno de los edificios que rodean la Plaza Mayor de Cuenca, junto con la catedral o el ayuntamiento, uno de los lugares más privilegiados de esta ciudad castellano-manchega. Se trata de un edificio del siglo XVI, de estilo baroco, con planta elíptica, con bóveda rematada por una enorme cúpula.
A finales del siglo XIX se acometen restauraciones en el edificio; en la fachada principal se somete a un tratamiento semejante al de un edificio civil, con ordenación vertical a base de ventanas, en la que únicamente destaca por su disposición, que no por su tratamiento, la portada. La puerta es adintelada, y está enmarcada por unas pilastras que sostienen un amplio entablamento, sobre el que se dispone un óculo ovalado; éste se adorna con una guirnalda en la que figura la insignia del Papa -la mitra y las llaves-, emblema de la Orden de San Lorenzo Justiniano.
El convento tiene una planta elíptica, de tradición barroca, con eje longitudinal en uno de cuyos extremos se abre el coro, mientras en el otro se sitúa un presbiterio profundo y cuadrado.
El retablo mayor se componía de un bajorrelieve con la Virgen del Pilar, emplazado entre cuatro columnas de orden corintio.
Los seis nichos de la nave se dispusieron como altares pequeños: Dos de ellos estaban presididos por los bajorrelieves de la Santísima Trinidad y de Santa Ana, San José y la Virgen María.
Tanto la pintura de la bóveda como los retablos fueron destruidos durante la guerra de 1936.

 


 



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