miércoles, 22 de julio de 2026

CONVENTO DE FRANCISCANOS DESCALZOS DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.

El antiguo Convento de Franciscanos Descalzos, bajo la advocación de San Lorenzo Mártir, se fundó en 1578. En la actualidad, el edificio pertenece a una propiedad privada en la Hoz del Júcar, aunque el exterior es de acceso libre para disfrutar de su entorno. 
Está situado en la mágica y emotiva zona de la Bajada de las Angustias, junto al río Júcar, en pleno casco histórico de Cuenca. 
Fue fundado en 1578 por el canónigo Marcos de Parada y Vidaurre tras ceder su huerta y casa en la Hoz. Durante el siglo XVIII albergó interesantes imágenes del famoso escultor Luis Salvador Carmona.
Tras la Desamortización de Mendizábal en 1836, el complejo fue desalojado y pasó a manos privadas. Posteriormente, sirvió como residencia vacacional del polémico cardenal Pedro Segura hasta su fallecimiento en 1957. 

Del antiguo convento apenas se conservan algunas ruinas integradas en la edificación privada. Sin embargo, la ermita anexa destaca por su admirable portada de estilo rococó y una cruz votiva en el atrio a la que la tradición popular atribuye matices milagrosos. 
El convento fue fundado en 1578 bajo la advocación de San Lorenzo Mártir por don Marcos de Parada y Vidaurre, arcediano de Alarcón y canónigo de la Catedral de Cuenca, quien cedió una casa y una huerta situadas en la Hoz de Júcar para su establecimiento. Es muy probable que el edificio ya existiera parcialmente, pues se identifica con una construcción visible en la célebre Vista de Cuenca de 1565, realizada por el dibujante flamenco Antón van Wyngaerde. 
Este personaje un de los eclesiásticos más relevantes de su época como promotor de arquitecturas, adquirió a mediados del siglo XVI un terreno inmediato a la recién horadada puerta rupestre que aún subsiste, en el que edificó un verdadera villa de recreo al estilo del Renacimiento. Hacia 1570, don Marco proyecto fundar allí un convento masculino, refrendado es deseo en una clausula de codicilo testamentario fechada en noviembre de 1578. La fundación Parada propiamente dicha nació casi de inmediato en la década siguiente por un sobrino homónimo del arcediano, primer patrono por designación de su tío. Fueron los franciscanos descalzos, proveniente del monasterio de San Bernardino de Madrid, los que ocuparon la casa edificada por don Marco.

En 1608 los franciscanos aceptan la propuesta de don Gerónimo Venero y Leyva, entonces abad de la Sey y canónigo de Cuenca, y posteriormente arzobispo de Monreale (Sicilia), para erigir un iglesia de nueva planta anexa a la casa primitiva, y otras dependencias que superaran la estrechez que padecían hasta ese momento. El templo ha sobrevivido en buena medida hasta la actualidad, aprovechado como vivienda particular.  Una carta de pago otorgada por los religiosos el 15 de marzo de 1617, por un total de 12.305 ducados, incluye todas las dependencias financiadas por el arzobispo de Monreale, que se habían ido edificando en fecha posterior a la iglesia.
El conjunto se desarrolló como convento franciscano durante la Edad Moderna, experimentando diversas reformas y transformaciones. Aunque su arquitectura es sobria, acorde con el espíritu de la orden, incorpora elementos de gran interés, como la puerta de acceso de estilo rococó, con motivos florales y líneas sinuosas, fruto de intervenciones posteriores.
Junto al convento se levanta la ermita, y el acceso se realiza a través de un atrio ajardinado que actúa como espacio de transición entre la ciudad y el ámbito espiritual.

En el atrio se conserva una cruz votiva, conocida como la Cruz del Convertido, que constituye uno de los elementos más singulares del conjunto. La cruz presenta una mano esculpida, vinculada a una leyenda local según la cual Don Diego, tras ser tentado por el demonio con apariencia de mujer, sufrió tal impresión de terror y arrepentimiento que decidió ingresar en el convento para expiar sus culpas.
La cruz original, datada en 1709, fue restaurada tras actos vandálicos, conservándose su peana histórica.
El edificio principal se articula sobre muros de carga de mampostería y ladrillo, con forjados de madera y cubierta inclinada de teja cerámica curva. La antigua iglesia presenta planta de cruz latina, con cúpula de media naranja en el crucero y bóveda de medio cañón en la cabecera.
Las fachadas combinan revocos de cal, mampostería rejuntada y yeso, adaptándose al fuerte desnivel del terreno. La carpintería es de madera, y el alero perimetral conserva elementos tradicionales.

A mediados del siglo XVIII tuvo efecto la tercera fase constructivas, que ha dejado como elementos importes dos portadas de sillería, la del templo y la de la clausura. La más original es la primera, que se integra en el grupo de portadas verdaderamente barrocas de la ciudad. 
Actualmente, el uso del edificio es residencial, aprovechando la planta de la antigua iglesia para estancias habitables. El cuerpo principal se encuentra estructuralmente consolidado, aunque con deficiencias en algunos revestimientos interiores. Un edificio anexo, alineado a la calle Bajada de las Angustias, se encuentra en estado de ruina parcial. 



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