miércoles, 7 de enero de 2026

ERMITA DE SAN ISIDRO LABRADOR (BULBO DE ARRIBA)

RMITA DE SAN ISIDRO LABRADOR DE ARRIBA

La ermita-cementerio de San Isidro, construida en el s. XVIII, es la sede de la Hermandad de San Isidro Labrador y en su recinto se localizan tres cementerios: el de los Hermanos, el de los Canónigos de la Catedral y el de Personalidades, que comenzó a tomar forma en 1980, con el primer enterramiento de poeta Federico Muelas, el pintor y fundador del Museo de Arte Abstracto Español Fernando Zóbel, en 1984, y el escultor Luis Marco Pérez, en 1985.
Esta ermita comienza a construirse en el año 1728, por orden de Juan Francisco de Lujan y Arce, señor de la Elipa y Canaleja.
Como un mirador más sobre las riscas del Júcar, el cementerio de San Isidro se asoma a la hoz desde las alturas de la ciudad medieval. Se trata de un camposanto de pequeñas dimensiones asociado a la Hermandad de San Isidro que lo cuida y mantiene para que sean enterados en él sus miembros
En lo alto de la ciudad de Cuenca, asomado a la hoz del río Júcar, el cementerio de San Isidro presenta esa estampa lúgubre y un tanto romántica de los camposantos. Este lugar de descanso eterno está gestionado por la Hermandad de San Isidro, vulgo de Arriba, que cuenta aproximadamente con unos 250 hermanos que tienen el privilegio de poder ser enterrados en este lugar si así lo desean. 
Sobre las  rocas de la hoz de Júcar se edificó primero la iglesia allá por el siglo XVII. El cementerio surgió después a raíz del culto que se veneraba al patrón de los agricultores en este lugar. Los actuales responsables de la Hermandad recuerdan mejor lo acontecido recientemente y nos cuentan como a partir de los años 40 del siglo XX la hermandad comenzó a hacerse cargo de la ermita y del cementerio. 
Un primer paseo entre los nichos nos lleva a descubrir lápidas con inscripciones mucho más antiguas. Algunas de las primeras décadas del siglo XIX. Y un sinfín de nombres de personajes de Cuenca pertenecientes todos ellos a esta Hermandad de San Isidro. 
Lo cierto es que no sabemos a ciencia cierta de que fecha data la lápida más antigua, hay algunas que ya ni existen. Hay que tener en cuenta que hace muchos años ni siquiera se utilizaban como ahora y en algunos casos se escribía el nombre sobre el yeso simplemente y, claro, con el tiempo desaparecía.

El mantenimiento de las actuales instalaciones corre a cargo de la propia hermandad con las cuotas de los hermanos. Un presupuesto escaso, porque requiere un mantenimiento constante del edificio, tanto iglesia como cementerio, y ambos son muy antiguos. En algunas ocasiones la hermandad ha recurrido a los organismos públicos como el Ayuntamiento o la Diputación de Cuenca que ya han colaborado anteriormente.

Muchos de los miembros de esta hermandad de San Isidro esperan algún día reposar en un lugar como este. Y lo cierto es que es un lugar privilegiado, no sólo por su ubicación, asomado a las riscas del Júcar, con la ciudad de Cuenca a sus pies, sino porque el ingreso en la hermanad viene de familia: sólo pueden ser miembros los descendientes de los ya hermanos, desde fuera el ingreso es más complicado”.
Existen dos clases de hermanos, los numerarios y los honorarios. Los primeros, son los que tienen derecho a nicho reconocido en los estatutos y tienen que ingresar en la Hermandad antes de cumplir los 40 años. Luego están los hermanos honorarios que pueden ser de la cofradía pero sin derecho a nicho, aunque lo más normal es que los hermanos tengan allí enterrados a sus antepasados. Por si, tal vez, se han planteado alguna vez ser enterrados en ese cementerio de San Isidro, la respuesta es clara: la verdad es que no puede ser, por una razón muy sencilla, lo primero que se le va a pedir es que sus padres o abuelos ya pertenecieran a la hermandad”.
Claro, que también puede uno pasar la vida eterna asomado al Júcar si es canónigo. Existe un apartado en este camposanto exclusivo para estas personas. Según entramos, la primera puerta de rejas a la derecha, deja paso a varias filas de nichos en los que se puede leer junto al nombre ‘canónigo de...’. El momento histórico y las circunstancias por las que se vienen enterrando a estos sacerdotes en esta parte del cementerio lo desconocemos, apuntan desde la hermandad.
Y podría darse una tercera circunstancia para ser enterado aquí, ser considerado una personalidad de Cuenca. Dentro de la parte del camposanto reservada para los hermanos de San Isidro existe un pequeño apartado dedicado a las personalidades. Aquí están enterrados el poeta Federico Muelas, el pintor Fernando Zóbel y Luis Marco Pérez, el escultor de Fuentelespino de Moya que tanto hizo por la imaginería de la Semana Santa conquense. Este último llegó a este lugar después de morir en soledad en Madrid en los años ochenta y ser enterrado en el cementerio de la capital de España. Años después, un grupo de nazarenos de Cuenca, con el apoyo de las hermandades, trasladó sus restos a la ciudad y los enterraron aquí.
También en este cementerio, pero entre los nichos de los hermanos, como uno más que lo fue, podemos ver la lápida de Antonio Saura y de sus hijas, que después de ser incinerado, sus cenizas reposan en este camposanto de la ciudad que tanto quiso.

 












domingo, 4 de enero de 2026

MUSEO AL AIRE LIBRE DE GUILLERMO

MUSEO AL  AIRE LIBRE DE GUILLERMO

El museo al aire libre de Villares del Saz. Arte y piedra se fusionan en el singular museo al aire libre de Villares del Saz. Un mundo mágico de piedra crece en la llanura manchega de Villares del Saz.
Se trata de un atractivo proyecto del artista Guillermo Muñoz que se ubica en un paraje municipal a 2 kilómetros de la localidad.
El talento para la pintura o la escultura corre por las venas de Guillermo Muñoz, un autodidacta de las Bellas Artes que tras jubilarse ha decidido dar vida a su propio museo al aire libre, con la particularidad de que todas las figuras son talladas en piedra.
Con el beneplácito del Ayuntamiento de la localidad de Villares del Saz, Muñoz hace uso de un terreno de titularidad municipal que se ha convertido en toda una atracción. Se trata de un montículo de rocas rodeado de almendros y campos de labor en el que ha creado un singular ecosistema que parece tener vida propia.
Los habitantes del mismo son una pareja de pastores que, rodeados de patos, ardillas, avutardas, una mantis religiosa un perro y hasta cocodrilos y un dinosaurio, cuidan los terrenos y reciben a los visitantes ataviados con la vestimenta tradicional de quienes se dedicaban a las labores de agricultura hace algunas décadas. Además, ha construido una choza como las que invadían el paisaje antiguamente y ha puesto en marcha un sistema de bebederos para atraer animales hasta el lugar.
Guillermo Muñoz (Villares del Saz, 1948) siempre ha sido un amante de la pintura y la escultura desde que era bien pequeño. Aunque tenga 77 años, recuerda como si fuera ayer cuando iba a la escuela del pueblo, y ya con las raíces de los árboles que se encontraba por la calle tiradas, se ponía a crear esculturas. 
“De una raíz te pueden salir diferentes esculturas, objetos, se pueden hacer muchos motivos”, asegura Muñoz, que con el paso del tiempo, y viendo su padre su potencial artístico, le animó a apuntarse a clases a distancia en una academia de Barcelona que vio publicitada en el periódico de la época. 
Dicho y hecho, con el transcurso de los meses fue adquiriendo conocimientos sobre Bellas Artes que le llevaron a perfeccionar técnicas de pintura, de escultura, a hacer perspectiva, dibujar elementos siguiendo una serie de patrones, etcétera. 
Tanto es así que cuando tenía 15 años, Guillermo Muñoz ganó un considerable entonces premio de 300 pesetas en un concurso de dibujos navideños de la extinta Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, algo que supuso un incentivo para seguir creando arte. De este modo, recuerda cómo cuando era pequeño, había muchas veces que su madre le tenía que pedir a altas horas de la noche que se fuera a dormir porque seguía elaborando esculturas a partir de las raíces. 
Cuando llegó a los 18 años, abandonó Villares del Saz para hacer el Servicio Militar en Madrid. Allí estuvo los nueve meses, y aunque cuando terminó volvió a su pueblo para trabajar en las labores de construcción del trasvase Tajo-Segura, decidió volver a la capital del país, donde abrió en Getafe junto a su hermano una tienda de Bellas Artes y enmarcación. 
Aquí vendía numerosos artículos relacionados con este mundo, y durante toda su andadura empresarial, nunca dejó de desarrollar sus dotes artísticas. Así, fueron innumerables los retratos que pintó, aunque también hubo muchas obras que restauró
A mediados del año 2013 se jubiló y, tras ver en la capital la cara de un cristo tallado en la roca en el entorno de la hoz del Júcar, decidió el 4 de agosto de ese mismo año esculpir en una roca cerca de su pueblo la imagen del patrón de Villares del Saz. Ese día, coincidencias de la vida, nació también su primer nieto. 
Ahí comenzó sin saberlo lo que, doce años después se ha convertido en el Museo al Aire Libre de Guillermo, un espacio único que, desde que empezara en aquella ocasión con el tallado de la imagen del nazareno de Villares, ha ido aumentando poco a poco el número de esculturas presentes. 
Pero aunque tenga 77 años, Guillemo Muñoz no piensa en dejarlo todo. Suele elaborar una pieza al año para este museo que tiene en su localidad natal, sobre todo en verano. 
En Leganés, donde vive actualmente, también sigue trabajando en la escultura, y también ha decorado la urbanización en la que vive con numerosas esculturas, dando un aire nuevo a una zona “muy fea” y en la que nadie antes reparaba cuando pasaba por allí. 
Al mismo tiempo, en el paraje también se puede encontrar varias sillas y mesas esculpidas en roca, ideales para pasar una tarde, o una mañana, en cualquier época del año. Según detalla el alcalde de Villares del Saz, Jorge Hermosilla, sobre todo ahora en verano “hay muchísima afluencia de personas, ya que el entorno es idílico, puesto que las puestas de sol en verano al fondo de la montaña son impresionantes”, destaca el regidor. 
Los visitantes que han venido hasta la localidad no son solo del pueblo, ya que tanto el alcalde como el propio creador del museo destacan que Valencia, Madrid e incluso Santander son algunos de los lugares de donde proceden turistas que se acercan hasta aquí, muchos de ellos que viajan en auto caravana. 
Un museo único al aire libre con esculturas elaboradas por uno de sus vecinos más ilustres que se ha librado de los actos vandálicos. 
Además, no solo esculpe sino que también tiene destreza y maestría con el pincel. La última de sus intervenciones ha sido en las paredes del sótano del bloque de pisos madrileño en el que vive. Un lugar al que ha devuelto el color gracias a los dibujos de más de dos metros que ha realizado durante la cuarentena.
Entre sus temáticas preferidas dibuja motivos de agricultura para ilustrar a los más jóvenes el modo de trabajar que se ha perdido con el paso de los años y para desconectar crea figuras contemporáneas y abstractas que rompen con lo anterior. Para Muñoz, el arte es parte fundamental de su vida, ya que desde pequeño era curioso con los artilugios que se encontraba, piezas a las que daba forma hasta conseguir pequeñas obras de arte a la luz de la hoguera en plena noche conquense.
Después, con el paso de las años, unió su pasión con su trabajo puesto que abrió una tienda de materiales de Bellas Artes en Madrid y ahora, tras haberse jubilado, continúa esculpiendo, dibujando y recolectando a diario.  
Acaba de terminar ‘El caballo de la vida’, una escultura creada a partir de aperos de labranza, hoces, hachas, segadoras que conforman un monumento con forma de caballo y que pretende “recordar a la vida que llevaba toda esa gente que durante años se han dedicado al campo”. Además, no ha dejado ningún detalle al aire y como broche final ha colgado una llave al cuello del animal. “La llave simboliza todas esas puertas que se abren y se cierran a lo largo de la vida de una persona”, apostilla.
De momento, Guillermo Muñoz seguirá ejerciendo de guardián de su rincón porque “nunca sabes cuando puede llegar un desconsiderado que lo tire todo abajo”, aunque confía en que todo aquel que conoce el lugar lo respeta y disfruta con él.
Creativo y activo, Guillermo pinta cuadros y es también un apasionado del coleccionismo y de la arqueología. Es un habitual en el mercado medieval de Villares y en el romano de Valeria. Conocedor de la Ruta de las Caras de Buendía  (Cuenca) no descarta terminar creando un recorrido similar en su pueblo. 
Incluso Muñoz continuará siendo un libro abierto de la historia que a través de sus manos enseñará toda sus vivencias, ya sea transformándolas en pintura o escultura para el goce de los demás.