La ermita-cementerio de San Isidro, construida en el s. XVIII, es la sede de la Hermandad de San Isidro Labrador y en su recinto se localizan tres cementerios: el de los Hermanos, el de los Canónigos de la Catedral y el de Personalidades, que comenzó a tomar forma en 1980, con el primer enterramiento de poeta Federico Muelas, el pintor y fundador del Museo de Arte Abstracto Español Fernando Zóbel, en 1984, y el escultor Luis Marco Pérez, en 1985.
Esta ermita comienza a construirse en el año 1728, por orden de Juan Francisco de Lujan y Arce, señor de la Elipa y Canaleja.
Como un mirador más sobre las riscas del Júcar, el cementerio de San Isidro se asoma a la hoz desde las alturas de la ciudad medieval. Se trata de un camposanto de pequeñas dimensiones asociado a la Hermandad de San Isidro que lo cuida y mantiene para que sean enterados en él sus miembros
En lo alto de la ciudad de Cuenca, asomado a la hoz del río Júcar, el cementerio de San Isidro presenta esa estampa lúgubre y un tanto romántica de los camposantos. Este lugar de descanso eterno está gestionado por la Hermandad de San Isidro, vulgo de Arriba, que cuenta aproximadamente con unos 250 hermanos que tienen el privilegio de poder ser enterrados en este lugar si así lo desean.
Sobre las rocas de la hoz de Júcar se edificó primero la iglesia allá por el siglo XVII. El cementerio surgió después a raíz del culto que se veneraba al patrón de los agricultores en este lugar. Los actuales responsables de la Hermandad recuerdan mejor lo acontecido recientemente y nos cuentan como a partir de los años 40 del siglo XX la hermandad comenzó a hacerse cargo de la ermita y del cementerio.
Un primer paseo entre los nichos nos lleva a descubrir lápidas con inscripciones mucho más antiguas. Algunas de las primeras décadas del siglo XIX. Y un sinfín de nombres de personajes de Cuenca pertenecientes todos ellos a esta Hermandad de San Isidro.
Lo cierto es que no sabemos a ciencia cierta de que fecha data la lápida más antigua, hay algunas que ya ni existen. Hay que tener en cuenta que hace muchos años ni siquiera se utilizaban como ahora y en algunos casos se escribía el nombre sobre el yeso simplemente y, claro, con el tiempo desaparecía.
El mantenimiento de las actuales instalaciones corre a cargo de la propia hermandad con las cuotas de los hermanos. Un presupuesto escaso, porque requiere un mantenimiento constante del edificio, tanto iglesia como cementerio, y ambos son muy antiguos. En algunas ocasiones la hermandad ha recurrido a los organismos públicos como el Ayuntamiento o la Diputación de Cuenca que ya han colaborado anteriormente.
Muchos de los miembros de esta hermandad de San Isidro esperan algún día reposar en un lugar como este. Y lo cierto es que es un lugar privilegiado, no sólo por su ubicación, asomado a las riscas del Júcar, con la ciudad de Cuenca a sus pies, sino porque el ingreso en la hermanad viene de familia: sólo pueden ser miembros los descendientes de los ya hermanos, desde fuera el ingreso es más complicado”.
Existen dos clases de hermanos, los numerarios y los honorarios. Los primeros, son los que tienen derecho a nicho reconocido en los estatutos y tienen que ingresar en la Hermandad antes de cumplir los 40 años. Luego están los hermanos honorarios que pueden ser de la cofradía pero sin derecho a nicho, aunque lo más normal es que los hermanos tengan allí enterrados a sus antepasados. Por si, tal vez, se han planteado alguna vez ser enterrados en ese cementerio de San Isidro, la respuesta es clara: la verdad es que no puede ser, por una razón muy sencilla, lo primero que se le va a pedir es que sus padres o abuelos ya pertenecieran a la hermandad”.
Claro, que también puede uno pasar la vida eterna asomado al Júcar si es canónigo. Existe un apartado en este camposanto exclusivo para estas personas. Según entramos, la primera puerta de rejas a la derecha, deja paso a varias filas de nichos en los que se puede leer junto al nombre ‘canónigo de...’. El momento histórico y las circunstancias por las que se vienen enterrando a estos sacerdotes en esta parte del cementerio lo desconocemos, apuntan desde la hermandad.
Y podría darse una tercera circunstancia para ser enterado aquí, ser considerado una personalidad de Cuenca. Dentro de la parte del camposanto reservada para los hermanos de San Isidro existe un pequeño apartado dedicado a las personalidades. Aquí están enterrados el poeta Federico Muelas, el pintor Fernando Zóbel y Luis Marco Pérez, el escultor de Fuentelespino de Moya que tanto hizo por la imaginería de la Semana Santa conquense. Este último llegó a este lugar después de morir en soledad en Madrid en los años ochenta y ser enterrado en el cementerio de la capital de España. Años después, un grupo de nazarenos de Cuenca, con el apoyo de las hermandades, trasladó sus restos a la ciudad y los enterraron aquí.
También en este cementerio, pero entre los nichos de los hermanos, como uno más que lo fue, podemos ver la lápida de Antonio Saura y de sus hijas, que después de ser incinerado, sus cenizas reposan en este camposanto de la ciudad que tanto quiso.





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