MUSEO AL AIRE LIBRE DE GUILLERMO
El museo al aire libre de Villares del Saz. Arte y piedra se fusionan en el singular museo al aire libre de Villares del Saz. Un mundo mágico de piedra crece en la llanura manchega de Villares del Saz.
Se trata de un atractivo proyecto del artista Guillermo Muñoz que se ubica en un paraje municipal a 2 kilómetros de la localidad.
El talento para la pintura o la escultura corre por las venas de Guillermo Muñoz, un autodidacta de las Bellas Artes que tras jubilarse ha decidido dar vida a su propio museo al aire libre, con la particularidad de que todas las figuras son talladas en piedra.
Con el beneplácito del Ayuntamiento de la localidad de Villares del Saz, Muñoz hace uso de un terreno de titularidad municipal que se ha convertido en toda una atracción. Se trata de un montículo de rocas rodeado de almendros y campos de labor en el que ha creado un singular ecosistema que parece tener vida propia.
Los habitantes del mismo son una pareja de pastores que, rodeados de patos, ardillas, avutardas, una mantis religiosa un perro y hasta cocodrilos y un dinosaurio, cuidan los terrenos y reciben a los visitantes ataviados con la vestimenta tradicional de quienes se dedicaban a las labores de agricultura hace algunas décadas. Además, ha construido una choza como las que invadían el paisaje antiguamente y ha puesto en marcha un sistema de bebederos para atraer animales hasta el lugar.
Guillermo Muñoz (Villares del Saz, 1948) siempre ha sido un amante de la pintura y la escultura desde que era bien pequeño. Aunque tenga 77 años, recuerda como si fuera ayer cuando iba a la escuela del pueblo, y ya con las raíces de los árboles que se encontraba por la calle tiradas, se ponía a crear esculturas.
“De una raíz te pueden salir diferentes esculturas, objetos, se pueden hacer muchos motivos”, asegura Muñoz, que con el paso del tiempo, y viendo su padre su potencial artístico, le animó a apuntarse a clases a distancia en una academia de Barcelona que vio publicitada en el periódico de la época.
Dicho y hecho, con el transcurso de los meses fue adquiriendo conocimientos sobre Bellas Artes que le llevaron a perfeccionar técnicas de pintura, de escultura, a hacer perspectiva, dibujar elementos siguiendo una serie de patrones, etcétera.
Tanto es así que cuando tenía 15 años, Guillermo Muñoz ganó un considerable entonces premio de 300 pesetas en un concurso de dibujos navideños de la extinta Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, algo que supuso un incentivo para seguir creando arte. De este modo, recuerda cómo cuando era pequeño, había muchas veces que su madre le tenía que pedir a altas horas de la noche que se fuera a dormir porque seguía elaborando esculturas a partir de las raíces.
Cuando llegó a los 18 años, abandonó Villares del Saz para hacer el Servicio Militar en Madrid. Allí estuvo los nueve meses, y aunque cuando terminó volvió a su pueblo para trabajar en las labores de construcción del trasvase Tajo-Segura, decidió volver a la capital del país, donde abrió en Getafe junto a su hermano una tienda de Bellas Artes y enmarcación.
Aquí vendía numerosos artículos relacionados con este mundo, y durante toda su andadura empresarial, nunca dejó de desarrollar sus dotes artísticas. Así, fueron innumerables los retratos que pintó, aunque también hubo muchas obras que restauró
A mediados del año 2013 se jubiló y, tras ver en la capital la cara de un cristo tallado en la roca en el entorno de la hoz del Júcar, decidió el 4 de agosto de ese mismo año esculpir en una roca cerca de su pueblo la imagen del patrón de Villares del Saz. Ese día, coincidencias de la vida, nació también su primer nieto.
Ahí comenzó sin saberlo lo que, doce años después se ha convertido en el Museo al Aire Libre de Guillermo, un espacio único que, desde que empezara en aquella ocasión con el tallado de la imagen del nazareno de Villares, ha ido aumentando poco a poco el número de esculturas presentes.
Pero aunque tenga 77 años, Guillemo Muñoz no piensa en dejarlo todo. Suele elaborar una pieza al año para este museo que tiene en su localidad natal, sobre todo en verano.
En Leganés, donde vive actualmente, también sigue trabajando en la escultura, y también ha decorado la urbanización en la que vive con numerosas esculturas, dando un aire nuevo a una zona “muy fea” y en la que nadie antes reparaba cuando pasaba por allí.
Al mismo tiempo, en el paraje también se puede encontrar varias sillas y mesas esculpidas en roca, ideales para pasar una tarde, o una mañana, en cualquier época del año. Según detalla el alcalde de Villares del Saz, Jorge Hermosilla, sobre todo ahora en verano “hay muchísima afluencia de personas, ya que el entorno es idílico, puesto que las puestas de sol en verano al fondo de la montaña son impresionantes”, destaca el regidor.
Los visitantes que han venido hasta la localidad no son solo del pueblo, ya que tanto el alcalde como el propio creador del museo destacan que Valencia, Madrid e incluso Santander son algunos de los lugares de donde proceden turistas que se acercan hasta aquí, muchos de ellos que viajan en auto caravana.
Un museo único al aire libre con esculturas elaboradas por uno de sus vecinos más ilustres que se ha librado de los actos vandálicos.
Además, no solo esculpe sino que también tiene destreza y maestría con el pincel. La última de sus intervenciones ha sido en las paredes del sótano del bloque de pisos madrileño en el que vive. Un lugar al que ha devuelto el color gracias a los dibujos de más de dos metros que ha realizado durante la cuarentena.
Entre sus temáticas preferidas dibuja motivos de agricultura para ilustrar a los más jóvenes el modo de trabajar que se ha perdido con el paso de los años y para desconectar crea figuras contemporáneas y abstractas que rompen con lo anterior. Para Muñoz, el arte es parte fundamental de su vida, ya que desde pequeño era curioso con los artilugios que se encontraba, piezas a las que daba forma hasta conseguir pequeñas obras de arte a la luz de la hoguera en plena noche conquense.
Después, con el paso de las años, unió su pasión con su trabajo puesto que abrió una tienda de materiales de Bellas Artes en Madrid y ahora, tras haberse jubilado, continúa esculpiendo, dibujando y recolectando a diario.
Acaba de terminar ‘El caballo de la vida’, una escultura creada a partir de aperos de labranza, hoces, hachas, segadoras que conforman un monumento con forma de caballo y que pretende “recordar a la vida que llevaba toda esa gente que durante años se han dedicado al campo”. Además, no ha dejado ningún detalle al aire y como broche final ha colgado una llave al cuello del animal. “La llave simboliza todas esas puertas que se abren y se cierran a lo largo de la vida de una persona”, apostilla.
De momento, Guillermo Muñoz seguirá ejerciendo de guardián de su rincón porque “nunca sabes cuando puede llegar un desconsiderado que lo tire todo abajo”, aunque confía en que todo aquel que conoce el lugar lo respeta y disfruta con él.
Creativo y activo, Guillermo pinta cuadros y es también un apasionado del coleccionismo y de la arqueología. Es un habitual en el mercado medieval de Villares y en el romano de Valeria. Conocedor de la Ruta de las Caras de Buendía (Cuenca) no descarta terminar creando un recorrido similar en su pueblo.
Incluso Muñoz continuará siendo un libro abierto de la historia que a través de sus manos enseñará toda sus vivencias, ya sea transformándolas en pintura o escultura para el goce de los demás.
Se trata de un atractivo proyecto del artista Guillermo Muñoz que se ubica en un paraje municipal a 2 kilómetros de la localidad.
El talento para la pintura o la escultura corre por las venas de Guillermo Muñoz, un autodidacta de las Bellas Artes que tras jubilarse ha decidido dar vida a su propio museo al aire libre, con la particularidad de que todas las figuras son talladas en piedra.
Con el beneplácito del Ayuntamiento de la localidad de Villares del Saz, Muñoz hace uso de un terreno de titularidad municipal que se ha convertido en toda una atracción. Se trata de un montículo de rocas rodeado de almendros y campos de labor en el que ha creado un singular ecosistema que parece tener vida propia.
Los habitantes del mismo son una pareja de pastores que, rodeados de patos, ardillas, avutardas, una mantis religiosa un perro y hasta cocodrilos y un dinosaurio, cuidan los terrenos y reciben a los visitantes ataviados con la vestimenta tradicional de quienes se dedicaban a las labores de agricultura hace algunas décadas. Además, ha construido una choza como las que invadían el paisaje antiguamente y ha puesto en marcha un sistema de bebederos para atraer animales hasta el lugar.
Guillermo Muñoz (Villares del Saz, 1948) siempre ha sido un amante de la pintura y la escultura desde que era bien pequeño. Aunque tenga 77 años, recuerda como si fuera ayer cuando iba a la escuela del pueblo, y ya con las raíces de los árboles que se encontraba por la calle tiradas, se ponía a crear esculturas.
“De una raíz te pueden salir diferentes esculturas, objetos, se pueden hacer muchos motivos”, asegura Muñoz, que con el paso del tiempo, y viendo su padre su potencial artístico, le animó a apuntarse a clases a distancia en una academia de Barcelona que vio publicitada en el periódico de la época.
Dicho y hecho, con el transcurso de los meses fue adquiriendo conocimientos sobre Bellas Artes que le llevaron a perfeccionar técnicas de pintura, de escultura, a hacer perspectiva, dibujar elementos siguiendo una serie de patrones, etcétera.
Tanto es así que cuando tenía 15 años, Guillermo Muñoz ganó un considerable entonces premio de 300 pesetas en un concurso de dibujos navideños de la extinta Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, algo que supuso un incentivo para seguir creando arte. De este modo, recuerda cómo cuando era pequeño, había muchas veces que su madre le tenía que pedir a altas horas de la noche que se fuera a dormir porque seguía elaborando esculturas a partir de las raíces.
Cuando llegó a los 18 años, abandonó Villares del Saz para hacer el Servicio Militar en Madrid. Allí estuvo los nueve meses, y aunque cuando terminó volvió a su pueblo para trabajar en las labores de construcción del trasvase Tajo-Segura, decidió volver a la capital del país, donde abrió en Getafe junto a su hermano una tienda de Bellas Artes y enmarcación.
Aquí vendía numerosos artículos relacionados con este mundo, y durante toda su andadura empresarial, nunca dejó de desarrollar sus dotes artísticas. Así, fueron innumerables los retratos que pintó, aunque también hubo muchas obras que restauró
A mediados del año 2013 se jubiló y, tras ver en la capital la cara de un cristo tallado en la roca en el entorno de la hoz del Júcar, decidió el 4 de agosto de ese mismo año esculpir en una roca cerca de su pueblo la imagen del patrón de Villares del Saz. Ese día, coincidencias de la vida, nació también su primer nieto.
Ahí comenzó sin saberlo lo que, doce años después se ha convertido en el Museo al Aire Libre de Guillermo, un espacio único que, desde que empezara en aquella ocasión con el tallado de la imagen del nazareno de Villares, ha ido aumentando poco a poco el número de esculturas presentes.
Pero aunque tenga 77 años, Guillemo Muñoz no piensa en dejarlo todo. Suele elaborar una pieza al año para este museo que tiene en su localidad natal, sobre todo en verano.
En Leganés, donde vive actualmente, también sigue trabajando en la escultura, y también ha decorado la urbanización en la que vive con numerosas esculturas, dando un aire nuevo a una zona “muy fea” y en la que nadie antes reparaba cuando pasaba por allí.
Al mismo tiempo, en el paraje también se puede encontrar varias sillas y mesas esculpidas en roca, ideales para pasar una tarde, o una mañana, en cualquier época del año. Según detalla el alcalde de Villares del Saz, Jorge Hermosilla, sobre todo ahora en verano “hay muchísima afluencia de personas, ya que el entorno es idílico, puesto que las puestas de sol en verano al fondo de la montaña son impresionantes”, destaca el regidor.
Los visitantes que han venido hasta la localidad no son solo del pueblo, ya que tanto el alcalde como el propio creador del museo destacan que Valencia, Madrid e incluso Santander son algunos de los lugares de donde proceden turistas que se acercan hasta aquí, muchos de ellos que viajan en auto caravana.
Un museo único al aire libre con esculturas elaboradas por uno de sus vecinos más ilustres que se ha librado de los actos vandálicos.
Además, no solo esculpe sino que también tiene destreza y maestría con el pincel. La última de sus intervenciones ha sido en las paredes del sótano del bloque de pisos madrileño en el que vive. Un lugar al que ha devuelto el color gracias a los dibujos de más de dos metros que ha realizado durante la cuarentena.
Entre sus temáticas preferidas dibuja motivos de agricultura para ilustrar a los más jóvenes el modo de trabajar que se ha perdido con el paso de los años y para desconectar crea figuras contemporáneas y abstractas que rompen con lo anterior. Para Muñoz, el arte es parte fundamental de su vida, ya que desde pequeño era curioso con los artilugios que se encontraba, piezas a las que daba forma hasta conseguir pequeñas obras de arte a la luz de la hoguera en plena noche conquense.
Después, con el paso de las años, unió su pasión con su trabajo puesto que abrió una tienda de materiales de Bellas Artes en Madrid y ahora, tras haberse jubilado, continúa esculpiendo, dibujando y recolectando a diario.
Acaba de terminar ‘El caballo de la vida’, una escultura creada a partir de aperos de labranza, hoces, hachas, segadoras que conforman un monumento con forma de caballo y que pretende “recordar a la vida que llevaba toda esa gente que durante años se han dedicado al campo”. Además, no ha dejado ningún detalle al aire y como broche final ha colgado una llave al cuello del animal. “La llave simboliza todas esas puertas que se abren y se cierran a lo largo de la vida de una persona”, apostilla.
De momento, Guillermo Muñoz seguirá ejerciendo de guardián de su rincón porque “nunca sabes cuando puede llegar un desconsiderado que lo tire todo abajo”, aunque confía en que todo aquel que conoce el lugar lo respeta y disfruta con él.
Creativo y activo, Guillermo pinta cuadros y es también un apasionado del coleccionismo y de la arqueología. Es un habitual en el mercado medieval de Villares y en el romano de Valeria. Conocedor de la Ruta de las Caras de Buendía (Cuenca) no descarta terminar creando un recorrido similar en su pueblo.
Incluso Muñoz continuará siendo un libro abierto de la historia que a través de sus manos enseñará toda sus vivencias, ya sea transformándolas en pintura o escultura para el goce de los demás.





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