viernes, 3 de julio de 2026

TORRE DE SAN JUAN-PUERTA DE SAN JUAN

TORRE Y PUERTA DE SAN JUAN
La Torre de San Juan es el único vestigio en pie de la antigua iglesia de San Juan.  La iglesia de San Juan fue una de las primeras construidas en Cuenca. Hoy sólo queda en pie la torre conocida como la Torre de San Juan. Se encuentra ubicada en la parte baja del casco histórico, justo al lado de la histórica Puerta de San Juan, un acceso medieval a la antigua muralla de la ciudad
La estructura fue reformada estructuralmente por Juanes de Zubeta en el año 1546. La iglesia fue perdiendo su estructura a lo largo de los siglos, dejando a la torre como un símbolo icónico del pasado medieval de la ciudad.
El templo sufrió un grave hundimiento y fue clausurado definitivamente en el año 1877. Sus enseres, incluida la valiosa talla de San Juan Bautista esculpida por Luis Salvador Carmona, se trasladaron a la Iglesia de El Salvador. 
Un poco más abajo se encuentra una de las siete o nueve puertas de la muralla que rodeaba Cuenca y que permitía la entrada a la ciudad. 
Según la tradición popular, esta puerta no siempre se llamó San Juan. Antiguamente habría recibidoel nombre de Al-Jara, “la esquila”.
Cuenta la leyenda que fue por esta puerta por donde Alfonso VIII y sus caballeros lograron entrar en la ciudad durante la conquista cristiana, cubiertos con pieles de oveja para pasar desapercibidos. Un relato que mezcla astucia, épica y misterio, y que forma parte del imaginario histórico conquense.
  

 


CONVENTO DE LAS CELADORAS-HOY HOTEL CONVENTO DEL GIRALDO

CONVENTO DE LAS CELADORAS
Antiguo convento del siglo XVII que conserva en su interior diversos artesonados y una fuente medieval, actualmente convertido en un complejo hotelero.
Se trata del Hotel Convento del Giraldo que debe su nombre a la Torre del Giraldo que formaba parte del recinto catedralicio. 
Para conocer la historia del edificio que alberga el Convento de las Madres Celadoras del Reino del Sagrado Corazón de Jesús, debemos remontarnos  aproximadamente siglo XIII, pues en este solar llegó a alzarse la mansión de uno de los linajes más importantes de la ciudad de Cuenca, el de la familia de los Albornoz. Para entonces, la fortaleza se encontraba en un estado muy precario, debido al abandono que de ella había hecho la familia, emparentada más adelante con otra de gran importancia, los Hurtado de Mendoza, que habían ido creando sus casas palaciegas en otra parte de la ciudad, como la Plaza de la Merced.
Durante la primera mitad del siglo XX, el edificio  sería casa del escritor, periodista y folclorista Luis Martínez Kleiser (Madrid, 1883 - 1971), hijo adoptivo de Cuenca. Durante la Guerra Civil, abandona el inmueble, pasando éste a ser, bajo el nombre de Socorro Rojo, un centro de recogida de menores. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX, en él se instaló la Comunidad de Celadoras del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús. En la actualidad, y tras una profunda restauración, el edificio se ha convertido en el Hotel Convento del Giraldo. 


 
 


FUNDACIÓN ANTONIO SAURA-CASA ZABALA

FUNDACIÓN ANTONIO SAURA

La Fundación Antonio Saura fue creada el 16 de diciembre de 1995 en la ciudad de Cuenca. Antonio Saura dotó a la Fundación con una colección de 365 dibujos y otros tantos documentos que conformaban la Colección de 1994.
En 1995, el pintor firmó, un convenio con la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Diputación Provincial de Cuenca, Ayuntamiento de Cuenca y Caja Castilla-La Mancha, por medio del cual se dotaría a la Institución de un palacio del siglo XVIII (la Casa-Museo Zavala), elegido expresamente por el pintor, para convertirlo en sede del Museo Fundación. Asimismo se aprobó la dotación presupuestaria de diversas cantidades que garantizaran su correcto funcionamiento y continuidad, y del mismo modo, a propuesta del propio pintor, se determinó la adquisición de pintura que completaría la colección de cuadros que él se comprometió a ceder con carácter permanente.
En 1996 Comienzan las obras en la Casa Zavala. Antonio Saura muere en julio de 1998. En este momento, inesperadamente, las herederas y el albacea de Antonio Saura, sacan a la luz unas supuestas instrucciones post-mortem de Antonio Saura, en las que se expresaba su renuncia a la continuidad de la Fundación que llevaba su nombre y que él mismo había ayudado a constituir. Así pues impugnan la constitución de la Fundación por la vía administrativa y judicial. 
Comienza, por tanto, el proceso legal que entabla la Junta de Castilla-La Mancha contra los intentos de la hija, la viuda y el albacea de deslegitimar la existencia de la Fundación conquense. Este proceso seguido a lo largo de los años ante la Junta de Comunidades, Tribunal Superior de Justicia y Supremo, concluyó en 2006 con sentencia del Tribunal Supremo, reconociendo la legalidad de la Fundación.
El 22 de febrero de 2008 de inaugura oficialmente la reformada sede de la Fundación Antonio Saura, ubicada en la Casa Zavala de Cuenca y abre sus puertas con la intención de convertirse, como su propio creador quiso, en un centro de arte dedicado no solo a la exposición de una selección de obras de artista, sino al fomento de otras iniciativas plásticas contemporáneas.
La Fundación acoge, por tanto, una colección -expuesta la mayor parte del año- de pinturas, obra gráfica, obra original, así como objetos, libros y documentos que repasan la trayectoria creativa de Antonio Saura, pero además es sede de numerosas exposiciones temporales dedicadas a artistas consagrados o emergentes cuyos campos de expresión van desde la fotografía a la creación digital, pasando por la pintura o el video-arte.
        





















miércoles, 7 de enero de 2026

ERMITA DE SAN ISIDRO LABRADOR (BULBO DE ARRIBA)

ERMITA DE SAN ISIDRO LABRADOR DE ARRIBA

La ermita-cementerio de San Isidro, construida en el s. XVIII, es la sede de la Hermandad de San Isidro Labrador y en su recinto se localizan tres cementerios: el de los Hermanos, el de los Canónigos de la Catedral y el de Personalidades, que comenzó a tomar forma en 1980, con el primer enterramiento de poeta Federico Muelas, el pintor y fundador del Museo de Arte Abstracto Español Fernando Zóbel, en 1984, y el escultor Luis Marco Pérez, en 1985.
Esta ermita comienza a construirse en el año 1728, por orden de Juan Francisco de Lujan y Arce, señor de la Elipa y Canaleja.
Como un mirador más sobre las riscas del Júcar, el cementerio de San Isidro se asoma a la hoz desde las alturas de la ciudad medieval. Se trata de un camposanto de pequeñas dimensiones asociado a la Hermandad de San Isidro que lo cuida y mantiene para que sean enterados en él sus miembros
En lo alto de la ciudad de Cuenca, asomado a la hoz del río Júcar, el cementerio de San Isidro presenta esa estampa lúgubre y un tanto romántica de los camposantos. Este lugar de descanso eterno está gestionado por la Hermandad de San Isidro, vulgo de Arriba, que cuenta aproximadamente con unos 250 hermanos que tienen el privilegio de poder ser enterrados en este lugar si así lo desean. 
Sobre las  rocas de la hoz de Júcar se edificó primero la iglesia allá por el siglo XVII. El cementerio surgió después a raíz del culto que se veneraba al patrón de los agricultores en este lugar. Los actuales responsables de la Hermandad recuerdan mejor lo acontecido recientemente y nos cuentan como a partir de los años 40 del siglo XX la hermandad comenzó a hacerse cargo de la ermita y del cementerio. 
Un primer paseo entre los nichos nos lleva a descubrir lápidas con inscripciones mucho más antiguas. Algunas de las primeras décadas del siglo XIX. Y un sinfín de nombres de personajes de Cuenca pertenecientes todos ellos a esta Hermandad de San Isidro. 
Lo cierto es que no sabemos a ciencia cierta de que fecha data la lápida más antigua, hay algunas que ya ni existen. Hay que tener en cuenta que hace muchos años ni siquiera se utilizaban como ahora y en algunos casos se escribía el nombre sobre el yeso simplemente y, claro, con el tiempo desaparecía.

El mantenimiento de las actuales instalaciones corre a cargo de la propia hermandad con las cuotas de los hermanos. Un presupuesto escaso, porque requiere un mantenimiento constante del edificio, tanto iglesia como cementerio, y ambos son muy antiguos. En algunas ocasiones la hermandad ha recurrido a los organismos públicos como el Ayuntamiento o la Diputación de Cuenca que ya han colaborado anteriormente.

Muchos de los miembros de esta hermandad de San Isidro esperan algún día reposar en un lugar como este. Y lo cierto es que es un lugar privilegiado, no sólo por su ubicación, asomado a las riscas del Júcar, con la ciudad de Cuenca a sus pies, sino porque el ingreso en la hermanad viene de familia: sólo pueden ser miembros los descendientes de los ya hermanos, desde fuera el ingreso es más complicado”.
Existen dos clases de hermanos, los numerarios y los honorarios. Los primeros, son los que tienen derecho a nicho reconocido en los estatutos y tienen que ingresar en la Hermandad antes de cumplir los 40 años. Luego están los hermanos honorarios que pueden ser de la cofradía pero sin derecho a nicho, aunque lo más normal es que los hermanos tengan allí enterrados a sus antepasados. Por si, tal vez, se han planteado alguna vez ser enterrados en ese cementerio de San Isidro, la respuesta es clara: la verdad es que no puede ser, por una razón muy sencilla, lo primero que se le va a pedir es que sus padres o abuelos ya pertenecieran a la hermandad”.
Claro, que también puede uno pasar la vida eterna asomado al Júcar si es canónigo. Existe un apartado en este camposanto exclusivo para estas personas. Según entramos, la primera puerta de rejas a la derecha, deja paso a varias filas de nichos en los que se puede leer junto al nombre ‘canónigo de...’. El momento histórico y las circunstancias por las que se vienen enterrando a estos sacerdotes en esta parte del cementerio lo desconocemos, apuntan desde la hermandad.
Y podría darse una tercera circunstancia para ser enterado aquí, ser considerado una personalidad de Cuenca. Dentro de la parte del camposanto reservada para los hermanos de San Isidro existe un pequeño apartado dedicado a las personalidades. Aquí están enterrados el poeta Federico Muelas, el pintor Fernando Zóbel y Luis Marco Pérez, el escultor de Fuentelespino de Moya que tanto hizo por la imaginería de la Semana Santa conquense. Este último llegó a este lugar después de morir en soledad en Madrid en los años ochenta y ser enterrado en el cementerio de la capital de España. Años después, un grupo de nazarenos de Cuenca, con el apoyo de las hermandades, trasladó sus restos a la ciudad y los enterraron aquí.
También en este cementerio, pero entre los nichos de los hermanos, como uno más que lo fue, podemos ver la lápida de Antonio Saura y de sus hijas, que después de ser incinerado, sus cenizas reposan en este camposanto de la ciudad que tanto quiso.