martes, 3 de marzo de 2015

BETETA

 
Beteta es una localidad de la Serranía de Cuenca. Beteta está situada en el extremo noreste de la provincia de Cuenca y junto a la de Guadalajara, después de pasar por una hoz donde la erosión del agua y el viento ha moldeado en la roca caprichosas figuras con el transcurso del tiempo. La población se encuentra elevada sobre un pedestal rocoso a la falda del castillo de Rochafrida. Su antigüedad se remonta a las épocas pasadas del Bronce, en lugares como la cueva de la Ramera, de fácil acceso, está colgada en la mitad de un elevado escarpe rocoso y las estalagmitas y estalactitas adornan su recorrido y el yacimiento del Armentero.
Los romanos explotaron sus salinas, así como, el hierro de las minas de Cueva del Hierro, considerado por ellos uno de los mejores de Hispania.
Durante la dominación musulmana, estuvo dentro de la jurisdicción de los señores de Albarracín. Desde el siglo X y hasta finales del XI, se la disputaron los señores de Teruel y de Molina, alcanzando gran importancia por su situación estratégica, al ser lugar de enlace y frontera del dominio musulmán entre Cuenca, Albarracín y Molina.
Los Lara, señores de Molina, así como el propio Alfonso VIII, le darían el pueblo en repetidas ocasiones al Obispado de Sigüenza. En 1253, Don Alfonso y Doña Mafalda de Molina, vendieron Beteta y sus siete aldeas al Concejo de Cuenca.
A finales del siglo XV, después de serles confiscadas al condestable Don Álvaro de Luna tras su ejecución, pararon a los Carrillo de Albornoz, que controlaron la villa de Beteta y sus siete aldeas: El Tobar, La Cueva del Hierro, Valsalobre, Masegosa, Lagunaseca, Santa Maria del Val, Valtablado, junto además de Pinilla y Durón.
Cuando se creó la Mesta, como organización ganadera, y siendo Beteta rica en excelentes pastos, alcanzó gran importancia en los siglos medievales y modernos por su numerosa cabaña ganadera.
Durante los siglos XVII y XVIII, su economía siguió dependiendo del ganado y la corta de maderas. Posteriormente, pertenecería al marquesado de Ariza por emparentar estos con los Albornoz.
A mediados del siglo XIX, fue considerada por el general Cabrera, como una posición topográfica de gran importancia para sus pretensiones, envió al general Palacios al mando de quinientos hombres para reforzar su fortificación y hacer de este lugar un punto fuerte para su asentamiento. Tres batallones de la Reina fracasaron en su intento por conquistarla.
La declaración del Solán de Cabras como Real Sitio, llevada a cabo por Carlos IV el 27 de marzo de 1790 y lógicamente, la visita a los baños de Fernando VII y María Amalia de Sajonia en julio de 1826, para intentar que la reina quedase embarazada, es también un hecho relevante de su historia.
Podemos visitar:
Castillo de Rochafría.- El Castillo de Rochafría es un castillo situado sobre un cerro justo al este de la localidad de Beteta. Este castillo data del siglo XIII, aunque fue reformado en el siglo XIX. Perteneció en un principio a los Albornoz, después a los Carrillo y posteriormente al Nigromántico, Don Enrique de Aragón, maestre de Santiago. 

Iglesia parroquial dedicada a la Asunción.- Es un edificio construido en piedra caliza, de estilo gótico y planta de tres naves. Construido en el siglo XV sobre otro anterior, como bien se puede observar, o más probablemente como remodelación del anterior; pues todavía conserva del anterior románico el alero y las ventanas abocinadas de la primera altura de los paramentos exteriores.
La cubierta, cerrada en 12 bóvedas de nervadura que van desde las más simples del gótico clásico o tardo-románico hasta las más complejas que esbozan ya el renacimiento propio peninsular. La pila bautismal, del siglo XVI de un clásico estilo renacentista, situada en el baptisterio, a los pies de la iglesia. Escalera mudéjar, situada en el alto coro. En ella se encuentra la imagen de la Virgen de la Rosa, patrona de la villa de Beteta, y en su día también de sus siete aldeas.
El retablo mayor, de grandes dimensiones y estilo neogótico, tallado en madera de castaño, policromado y estofado en oro. Fue facturado en un taller junto a la catedral de Santiago de Compostela en los años 50 del siglo XX.
Al exterior destaca la portada plateresca, en el muro meridional. Construida en el siglo XVI. Posible obra de Rodrigo Gil de Hontañon. También es de interés la torre campanario de planta cuadrada. El mobiliario original se destruyó en la última guerra civil, despareció el retablo, el órgano de tubos y el cuadro de “las majuelas”, posiblemente de Juan Bautista Martínez del Mazo, natural de Beteta. Aunque no es el original en la actualidad tiene un bonito retablo.
 
 
 
 
 
 
Ermita de la Virgen de la Rosa.- A unos dos kilómetros de Beteta, se encuentra la ermita de la Virgen de la Rosa, del siglo XVII, es de una sola nave con arcos formeros, pilastras y bóvedas de arista; cabecero cubierto con bóveda de media naranja sobre pechinas con decoración barroca. Acceso lateral con portada de arco de medio punto enmarcada con pilastras, bajo un pequeño porche a tres aguas sobre columnas de piedra.
Plaza porticada.

Palacio de los marqueses de Ariza, ahora convertido en polideportivo.

Cristo de piedra al lado del castillo.

Real Balneario del Solán de Cabras.- Al fondo de la hoz del río Cuervo, en el municipio de Beteta, divisamos el Real Balneario de Solán de Cabras. Sus aguas no han sufrido variación desde el primer análisis mandado realizar por Carlos III. Son de mineralización débil, hipotónicas, bicarbonatadas, y cálcico-litínicas. Un pequeño paraíso cubierto de plantas aromáticas y árboles centenarios, ecológicamente diseñado para el relax y una estancia placentera.
El Ayuntamiento.
 
VISTAS






lunes, 2 de marzo de 2015

CASTILLO DE GARCIMUÑOZ

 
Según algunos historiadores, en la época romana se habría llamado Segar, pero no hay documentos que lo corroboren. Tras la conquista musulmana, se denominó Al-Borch Hamal. Probablemente es una de las poblaciones incluidas en la dote que la princesa Zaida ofrece a Alfonso VI de Castilla. Y También probablemente vuelve a ser perdida la batalla de Consuegra. En 1172 se encuentra nuevamente en manos cristianas, pero una expedición almohade al mando de Yaqub Ben Yusuf, que marcha hacia Huete, ataca la población, matando a todos los hombres y convirtiendo en esclavas a las mujeres y los niños.
El rey Alfonso VIII conquista Cuenca. En su camino hacia las localidades musulmanas de Alarcón y Moya, va conquistando cuanta población menor se encuentra en su camino. Así, la antigua ciudad musulmana Al-Borch Hamal cae definitivamente en manos cristianas. El rey castellano hace entrega de la misma al caballero Garci Muñoz, nombrándole alcaide del castillo y confiándole la repoblación de la misma. Desde entonces la población será conocida como Castillo de Garcimuñoz. Alfonso X el Sabio hace entrega del antiguo territorio de La Mancha de Montearagón (ahora conocido como Señorío de Villena) a su hermano menor el infante don Manuel. Don Manuel amplía aún más el Señorío. Pero es el hijo de éste, el infante don Juan Manuel quien lleva al Señorío a su máxima extensión, gracias al apoyo que brinda a Sancho IV en su conflicto sucesorio contra su padre, el ya anciano Alfonso X. El citado infante consigue de María de Molina las localidades de Belmonte, Alarcón y Castillo de Garcimuñoz, tras haber perdido Elche en beneficio del rey aragonés. El infante es el impulsor de la construcción de un nuevo castillo, sobre el antiguo alcázar árabe. Don Juan Manuel habita gran parte de su vida en Castillo de Garcimuñoz, escribiendo gran parte de su obra literaria en esta población, en cuyo castillo dicen que tenía sus tesoros. El propio rey Alfonso XI otorga a Castillo de Garcimuñoz el Fuero de las Leyes.Muere la esposa del infante don Juan Manuel, Constanza de Aragón, víctima de la tuberculosis, en el castillo. Tras el nacimiento en la población de su hijo Fernando, intentará cambiar el nombre de la misma por el de Castillo de don Fernando. En guerra manifiesta contra su rey, sus posesiones son atacadas por las tropas reales. Castillo de Garcimuñoz es asaltado y no tomada, tras ser valientemente defendida por su hijo Sancho Manuel. El infante don Juan Manuel es nuevamente cercado en Garcimuñoz, ahora por el Maestre de Santiago Vasco Rodríguez Coronado, tras la negativa de Alfonso XI de dejar partir a su hija Constanza para casarse con el infante portugués Pedro. Muere don Juan Manuel, pasando el Señorío a pertenecer a su hijo Fernando. Muerto éste a los pocos años, Castillo de Garcimuñoz pertenece a su hija Blanca, quien muere envenenada en la corte de Pedro I el Cruel, probablemente por los deseos de que tan vasto Señorío vuelva a pertenecer a la Corona. El título de Marqués de Villena es otorgado por Enrique II de Trastamara (casado con Juana Manuel, hija del infante don Juan Manuel), en la persona del infante Alfonso de Aragón. Castillo de Garcimuñoz pasará por las manos del hijo y el nieto del citado. El infante Enrique de Aragón, tras el Atraco de Tordesillas, obtiene el Marquesado de Villena, así como la mano de la infanta castellana Catalina. Tras el compromiso matrimonial del futuro Enrique IV con Blanca de Navarra, El Marquesado pasa a ser regido por Juan II de Navarra. Tras la negativa de algunas de las ciudades del Marquesado a ser regidas por el rey navarro, el vasto territorio será administrado desde Garcimuñoz. Posteriormente, es entregado al Conde de Ribadeo don Rodrigo de Villandrando, quien nunca llegará a tomar posesión del Marquesado de Villena. Tras la trascendental Batalla de Olmedo entre castellanos y aragoneses, el noble don Juan Pacheco se convierte en Marqués de Villena por gracia del rey Juan II de Castilla. El citado Juan Pacheco es compensado con los Castillos de Garcimuñoz y Chinchilla por el de Medellín, saliendo claramente favorecido con el cambio. Juan Pacheco es el responsable de la construcción del castillo actual, emplazado sobre el antiguo alcázar de yeso de don Juan Manuel. De la mano del Marqués de Villena, Castillo de Garcimuñoz se convierte en un referente cultural y social de primer orden en Castilla, siendo denominado La Corte Chica, en clara referencia a la Corte oficial desde donde el rey Enrique IV dirige los destinos de su reino. Tras la muerte del monarca, don Diego López Pacheco, hijo del anterior marqués, toma partido por la hija de éste frente a las aspiraciones de Isabel de Castilla. Sus posesiones son atacadas.Paulatinamente sus villas y castillos van siendo tomados, reduciéndose tan sólo a Belmonte, Alarcón y Castillo de Garcimuñoz. En una escaramuza en las inmediaciones del Castillo de Garcimuñoz, es herido de una lanzada el poeta guerrero Jorge Manrique, falleciendo a consecuencia de la herida. Terminada la contienda los Reyes Católicos ordenan el desmoche de las torres del castillo, perdiendo éste su utilidad guerrera.En el siglo XVI la villa sigue siendo importante, con numerosos hidalgos y privilegios otorgados por los sucesivos monarcas. En las Relaciones Topográficas de Felipe II se nombra a la población como lugar con muchas casas señoriales y bastantes ventanas. En el siglo XVIII sigue siendo la villa principal del Marquesado de Villena, quienes tienen permanentemente un Corregidor en la villa. 
 
Podemos visitar:
Iglesia de San Juan Bautista.- Edificio de gruesos muros que pertenece a una de las salas del castillo, con planta de cruz latina; cornisa neoclásica, en que se apoyan los arcos perpiaños. Bóvedas de lunetos, excepto la central del crucero que es vaída. Por el Norte, capillas con cúpula y pequeño tambor; siendo de bóveda de cañón la del Santísimo. En el interior hay un retablo barroco.
 
Monasterio de San Agustín.- Fundado en el siglo XIV por el infante Don Juan Manuel, conserva restos de su ábside gótico y del claustro.
El castillo.