lunes, 2 de marzo de 2015

BUENDIA

Buendía, en la comarca de la Alcarria, junto a la Sierra de Altomira y al embalse que lleva su nombre, alberga encantos que merecen la visita.
Los orígenes de Buendía se remontan a tiempos muy lejanos; se tienen noticias de que por aquí anduvieron pueblos primitivos, Olcades, Lusones...
En la Sierra de Enmedio, entre la hoz que forma el río Guadiela y el Tajo, se sitúan los restos de la antigua ciudad de Recópolis del siglo VI. Esta ciudad fue fundada por el rey visigodo Leovigildo para su hijo Recaredo. En el siglo XVIII el padre Gabriel de Henao señalaba el sitio, y también aparece Buendía en las relaciones topográficas que mandó hacer Felipe II.
Buendía, por su ubicación, zona fronteriza de la Marca Media de Al-Ándalus, estuvo sometida a frecuentes incursiones de los ejércitos castellanos, hasta que en 1085 fue conquistada esta zona por el Rey Alfonso VI, a la vez que, al casarse con la princesa Zaida hija del rey de Sevilla, recibió como dote las tierras de Uclés, Huete, Konka (Cuenca). Debido a la entrada de los almorávides y su rápida expansión, se perdieron estos terrenos tras las batallas de Sagrajas, Consuegra y Uclés, perdiendo no solo los territorios de Cuenca sino también los reinos de Toledo y Valencia.
Es en 1171, cuando el 21 de septiembre el rey Alfonso VIII conquista Cuenca y todo su territorio, concediendo fueros y nuevas leyes para su repoblación, mediante los Comunes de Villa y Tierra.
El primer señor de Buendía y Azañon en 1397 fue Lope Vázquez de Acuña, concedido por Enrique III "El Doliente", casado con Teresa Carrillo de Albornoz, Señora de Paredes, Portilla y Valtablado, sobrina de Gil Álvarez de Albornoz. Su hijo primogénito Pedro Vázquez de Acuña y Carrillo de Albornoz, I conde de Buendía, concedido por el Infante Alfonso. En 1475, los Reyes Católicos, concedieron carta de privilegios y confirmaciones para hacer mayorazgo de sus estados a: D. Pedro de Acuña Conde de Buendía y a su mujer Dª Inés de Herrera
Paseando por sus calles, nos encontraremos magníficas rejas, algunas de los siglos XV y XVI, otras del XVII y posteriores.
Podemos visitar:
La Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción.- De los siglos XV y XVI, totalmente de sillería, con ventanas abocinadas, dos portadas estilo herreriano y una impresionante torre maciza de cuatro cuerpos con zócalo. Consta de tres naves de estilo gótico de Salón o columnaria, con columnas cilíndricas, arrancando el haz de nervios en forma de palmera. Junto a la sacristía tres capillas laterales, más otra en el muro de entrada. El coro es de rejería de madera policromada. De estilo gótico

El Ayuntamiento.- Se encuentra situado frente a la Iglesia, de dos plantas, porticada la planta baja.

El Pósito o la tercia.- Fechado en el siglo XV, destinado, como su nombre indica, a depósito de grano y lugar donde se pagaba el diezmo o tercia. Es de sillarejo con cornisa moldurada y la puerta de acceso con arco de medio punto abovedado; en la planta alta se conserva el artesonado de madera. En la actualidad alberga el museo del Carro y la Casa de la Cultura.
El Museo del Carro.- está compuesto por piezas donadas y otras compradas por el Ayuntamiento, habiendo sido restauradas por gente del pueblo.
El convento de Nuestra Señora del Rosal.- fundado en 1596. Se conocen tan solo el nombre de dos maestros canteros Martín de la Vaca y Pedro Muñoz. Con la desamortización de 1835, fue desmantelado.
Siete fueron las ermitas que tuvo: San Antón. San Benito. San Juan Bautista. San Sebastián Fue patrono de la villa, Santiago. Ntra. Sra. del Rosal y la de Ntra. Sra. de los Desamparados. De las que tan solo queda la de los Desamparados.
La ruta de las caras.- Llamada así por la cantidad de esculturas talladas en roca, algunas de más de cuatro metros, duendecillos, vírgenes, damas, etc. Ideal para practicar senderismo.
 
 
Cañón del Guadiela.- (Ruta para ir a la ermita de los Desamparados)
La ermita de Nuestra Señora de los Desamparados.- A doce kilómetros de pueblo, al final de la hoz del río Guadiela. Fue levantada en los siglos XVI y XVII.
Era conocido este lugar como el molino de Bolarque, de origen árabe, siendo durante años motivo de disputa entre los Lara y los Castro. El Rey Alfonso VIII sancionó la propiedad. Está construida sobre un antiguo y pequeño eremitorio, que albergaba al Cristo del Amparo, ampliándose para instalar a la Virgen de los Desamparados tras su aparición en ese Sitio. Sobre esta ermita, en roca, se encuentra el yacimiento conocido como "Recópolis de Buendía". Antiguamente era sitio donde los vecinos de Buendía iban a pasar algunos días de descanso, existiendo casas de la Hermandad de la Virgen, donde familias enteras se hospedaban; en la actualidad tan solo queda la casa del santero, la fuente, patio y ermita, pues las aguas de Bolarque inundaron toda la vega y chopera.
 
 










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